De haberlo sabido,
me habría marchado contigo,
pintando de noches los días,
matando de miedo al tiempo
que espera y no guarda su turno
que esconde besos de ceniza,
y no le importa los castigos,
que siempre ve oportuno
meterse cartones bajo el corazón
para no pasar frío.
De haberte mentido,
me habría ahogado en saliva,
creyendo que solo eran mías,
todas las estrellas que siembran las venas
del cielo y se hunden,
en caminos llenos de espinas,
con las horas nos hicimos amigas,
y ahora entre ortigas y cañas
me como a cucharadas,
el suelo y la intriga.
De haberlo soñado,
no habría almohadas suicidas,
que casi todas las mañanas
se tiran cuesta abajo,
al fondo de la mar
y en la proa de un barco
sueño que duermo en sus brazos,
tiritando de cariño,
con la razón por puñados,
y el alma endurecida,
como ramas de un olivo.
miércoles, 10 de febrero de 2010
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